Cocina Hispana en Nueva York

Miércoles, 20 Agosto   

A dos cuadras del hotel, en plena Grand Central Terminal, uno se refugia de la nevada que desde la madrugada cae sobre la ciudad. Un sencillo y alegre restaurancito mexicano, Zócalo se llama, nos acoge en una de las cuatro mesas del bar, un verdadero bar, donde se bebe, se fuma y se puede comer, muy bien por cierto. El Zagat ubica su comida en el rango de “muy buena a excelente”, con un costo promedio por persona de 36 dólares. Se reflexiona sobre la evolución y el avance de la comida latinoamericana en Nueva York.
La situación actual no tiene nada que ver con los cuatro o cinco restaurantes que ofrecían hace treinta años algunas especialidades cubanas o puertorriqueñas o unas desabridas paellas. Desde hace algunos años existe “el nuevo latino”, para el cual han inventado muchas definiciones, pero que preferimos resumir en “elevada creatividad con excelentes ingredientes y muchos deseos de arriesgar. El asunto ha llegado al punto de que el “nuevo latino” es una moda, pero una moda que no sólo pareciera dispuesta a soportar el paso del tiempo, sino que cada día se arraiga más profundamente.Nos explicamos: No se trata de ir a un sitio en búsqueda de lo exótico, de lo picante, de los sabores fuertes y ya está. No. Se trata de un grupo de chefs, jóvenes, arriesgados y con talento, que se ha abierto paso entre los importantes y ya cuenta con seguidores fervientes; están creando una escuela a la cual se han acercado tanto parroquianos como cocineros y empresarios. Ya tienen libros, ya cuentan con espacios mediáticos propios y sus negocios están siempre de bote en bote. Incluso, algunos de esos restaurantes, tales como el Patria, Calle Ocho o el Chicama, para citar sólo tres, reúnen diariamente a personajes de poder en el mundo de los negocios, la banca, la moda o el espectáculo. Entre estos anfitriones cabe recordar los nombres de Alex García y Douglas Rodríguez.
Se prepara uno para salir a la calle. Abrigo, guantes, bufanda y gorra para enfrentar el menos tres que el viento convierte en menos no sé cuántos. Los pasos nos llevan al pasaje que da a “Lex” avenue. Trasponemos las puertas y …sorpresa…¿Cuál frío? ¿Cuál viento?…Y es que el calorcillo de la tequila y del chile son capaces de derrotar cualquier cosa.